10 cosas que hacen feliz a mi hija adolescente

En un abrir y cerrar de ojos mi pequeña niñita se ha convertido en toda una adolescente, a la cual le burbujea puro fuego en las venas. Sus cambios de humor se balancean más que el columpio de un trapecista y les juro que en más de una ocasión me he cuestionado que estoy haciendo mal como madre que no logro verla 100% feliz. Ja! ¡Que ilusa yo! Pensar que soy responsable del alboroto de esas despiadadas hormonas. Y entonces cuando recuerdo mi propia adolescencia me doy cuenta que esta es una etapa fascinante que debo gozarme por igual a las otras que le han precedido. Pues bien, hace ya un tiempo puse en marcha un plan de acción para acercarme más a su corazón y buscar la manera que ella desee tenerme cerca en un tiempo donde todas sus fibras gritan independencia.

Hoy quiero compartirles esta lista de acciones que ejecuto y que me han dado buenos resultados en esta intensa locura llamada “Ser Madre de Una Adolescente”

  1. Pasar tiempo en exclusividad con ella, y cuando digo exclusividad esto incluye mi celular. Cada semana procuro pasar un rato a solas con ella que bien podría ser compartir un helado o ver una película en Netflix. Para Daniela, el tiempo de calidad es uno de sus lenguajes primarios de amor por lo que nunca negocio esta parte.
  2. Los mimos y acurruques que incluyen toque físico. Daniela es sumamente cariñosa y afectiva, le gusta dar y recibir afecto traducidos en besos y abrazos de las personas que ama. Sus preferidos son los de la mañana. Ella disfruta que sea yo que la despierte, la acaricie y luego de desayunar volverse a meter en la cama conmigo aun sea por “5 minuticos más” como ella misma dice.
  3. Aceptar sus amistades y darme la oportunidad de conocerlos y compartir con ellos es importante para ella. Daniela siempre ha sido una niña muy social y en esta etapa de su vida mucho más. De pequeña yo cometí el error de criticar mucho sus amistades y esto generó que quemara un puente importante entre nosotras. Cuando me di cuenta de mi error lo lamente mucho y entendí que ya era demasiado tarde para hacerle entender que confiaba en ella y su criterios al elegir amigos. Gracias a Dios que nunca es muy tarde y el puente quemado ha sido rehabilitado poco a poco en la medida que he aprendido a escucharla sin juzgar y darme la oportunidad de solar mi dimensión de “mama gallina sobreprotectora”. Aun hoy, cuando comparto con sus amigos ella me dice: “Mami dime, ¿qué te parecieron mis amigos?” y cuando escucha de mí: “Tus amigos se ven chévere” ella sonríe de oreja a oreja y me dice “Te lo dije mami, no todos son malos.” jajajaja
  4. Prestarle atención a las cosas que ella le gustan por más tontas que me parezca. Daniela siempre ha sido una niña muy curiosa y creativa. Una de las cosas que ella más disfruta es experimentar, poner en práctica todo aquello que esa cabecita colora’ se le ocurre. Desde hacer un labial casero, cocinar un postre nuevo, hacer origami, a pintarse las uñas con diseños muy excéntricos que les confieso que en más de una ocasión me han generado un tremendo cortocircuito mental. Conectar con sus intereses, mostrar interés genuino, en ocasiones involucrarme con la ejecución de sus inventos, en fin compartir estas experiencias con ella me han abierto una ventana valiosa.
  5. Cada noche conversar sobre nuestro día. “¿Mami cuéntame que hiciste hoy?” es la pregunta de rigor. Esto nos regala unos buenos 15 minutos donde cada una no solo cuenta logrado en nuestras faenas, sino que muchas veces nos hemos animado, apoyado y alegrado por el simple hecho de ser partícipe de la vida de la una y la otra. He aprendido que mi hija no se siente sola en este mundo cuando le toca cada día enfrentar los retos.
  6. Las palabras de afirmación son una vacuna infalible. Hay ciertas frases que le elevan el alma y le alegran el día como ella misma me ha dicho. Algunas de estas son: “mi niña linda”, “el cascabel de mamá”, “tu puedes lograrlo”, “me encanta verte hacer lo que te apasiona”, “yo apuesto a ti”, “tienes un corazón muy noble”, “me encanta verte sonreír”, o cuando la llamo por su sobrenombre “Mi Tununa hermosa”.
  7. Regalarle mi regazo en silencio. Mi hija puede estar muy enojada o llorando mares de tristeza o frustración y más que tener a mamá acribillándola a preguntas de “¿Qué te pasa?” Ella lo que necesita es el regalo de mi silencio cargado de amor. A veces ni ella misma sabe porqué está tan enojada, melancólica o triste. Simplemente lo está y no desea hablar o hacer mucho… solo SER y SENTIR. Así que he aprendido a calmarme mientras la veo desboronada y a callar todo mi mundo interior (ese que me quiere abrumar con un millón de preguntas de porque mi hija esta así o quién es el culpable de sus lágrimas) y solamente ofrecerle mi regazo. Cada vez que la he visto así, la apapacho en silencio y la dejó llorar todo lo que desee y al rato se recupera y siempre me agradece con un abrazo mi silencio y consuelo.
  8. Planificar y hacer algo juntas, es algo que ambas disfrutamos mucho. Le encanta hacer planes de chicas “Solo tú y yo, mami” y cuando ella escucha ese “Si, vamos hacerlo” y ve que saco el tiempo de mi agitada agenda es mejor que cualquier Navidad. Esto puede ser algo tan sencillo como hacer una rutina nueva de ejercicios para el trasero que encontró online a planificar una sorpresa para alguien especial. Lo que sea siempre y cuando ella sienta que yo estoy a bordo y soy cómplice de sus ocurrencias.
  9. Ir a la playa. Mi hija no puede negar que es isleña, nacida en el Caribe. Ama el mar, el sol y la arena. Salir a navegar es su última pasión, disfruta sentir el aire en su rostro mientras la embarcación navega y zambullirse en el mar. Claro está esta es una actividad que no podemos hacer con alta frecuencia, pero cada vez que puedo la llevo y no se quien sonríe más, si ella al gozárselo o yo al verla disfrutar tanto.
  10. Aceptarla tal como es sin intención de cambiar su esencia. El asunto de aceptarla tal como es siempre lo he tenido claro. Aceptarla es sinónimo de te amo sin condiciones. El tema está en que la joven desde que me daba pataditas en mi vientre carga una explosiva energía que a veces se traduce en enfrentamientos fuertes. Y si, en más de una docena de veces he querido que sea diferente… más dócil, menos fuego. Creo que esta mujercita es la persona que más me ha retado y ha confrontado mis juicios, creencias y paradigmas. Ser una mujer desde su mirada es muy distinto a lo que yo pensaba a mis 13 años, y por eso doy gracias a Dios. Daniela me ha enseñado tanto y me ha sometido a un entrenamiento constante de tolerancia y despertar continuo. Por algo una de sus canciones favoritas que vive cantando es “My Way (A mi manera)” de Frank Sinatra.

Amigos míos como ven tener una adolescente y que encima de eso sea explosiva, sumamente activa, creativa, emotiva, arrojada es un entrenamiento más brutal que cualquier bootcamp de esos que ofrecen en los gimnasios. Esto requiere mucho esfuerzo, dedicación, perseverancia, paciencia, amor, tiempo, planificación, y mucho mucho amor.

Besitos y abrazos de mi para ti.

Foto: Mi hija Daniela. Enero 2017, Jamaca de Dios, Jarabacoa. Rep. Dom.

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